El PP y el “perro del hortelano”…

La actitud del PP en la gestión de la crisis económica está siendo “la del perro del hortelano” que como dice el refrán, ni come ni deja comer. Ni aporta soluciones, ni se compromete, ni arrima el hombro, pero tampoco deja que el gobierno haga su trabajo y cualquier medida que anuncia el Ejecutivo es automáticamente machacada públicamente con argumentos absolutamente incongruentes.

Un día critican la escasez de cobertura a los desempleados y dicen que el incremento del nivel de protección por desempleo no cubre las necesidades de las personas paradas (por cierto ellos no han propuesto nunca nada en ese sentido…) y al día siguiente les parece una barbaridad que el presidente hable de subida temporal y coyuntural de impuestos. Pero dos días  antes abogaban por recortar el gasto público… eso sí, sin decir de qué políticas sociales había que recortar gastos.

Evidentemente el PP sabe que el gobierno no tiene una máquina de fabricar euros y que todo el dinero sale de los impuestos que se cobran a los ciudadanos, por tanto es imposible pedir más protección para las personas desempleadas, más coberturas para los autónomos, más ayudas para el sector del automóvil, más inversión para infraestructuras, más obra pública para amortiguar el fiasco de la construcción, más y más y más  gastos e inversiones que realmente son necesarias, sin que ello lleve aparejado un esfuerzo de aportaciones por parte de aquellos que siguen ganando más dinero…

Eso se llama corresponsabilidad en momentos difíciles… que es lo que nunca va a practicar el PP, y eso significa que todos hemos de apretarnos el cinturón, pero especialmente los que más ganan o esos que nunca han dejado de ganar. Porque da la impresión que sólo el gobierno debe realizar esfuerzos, pero a veces se retuercen tanto los argumentos políticos que no apreciamos que cuando se le piden esfuerzos al gobierno realmente se los estamos endosando a los ciudadanos.

Por tanto, para gestionar la dificil situación económica en la que nos han metido ciertas políticas conservadoras, que no creen en el control, en la solidaridad y mucho menos en la redistribución de la riqueza, es necesario un justo equilibro en los impuestos para que entre todos los que estén menos castigados por la crisis contribuyan a ayudar   a los ciudadanos, a los desempleados, a los autónomos y a las pequeñas empresas que lo están pasando mal. 

O salimos todos juntos o no salimos… y el PP lamentablemente no hace nada más que frotarse las manos contando personas paradas o recitando los datos del producto interior bruto. Una absoluta irresponsabilidad que los ciudadanos tendrán en cuenta, pues les pasará como “la fábula de la cigarra y la hormiga” porque todos sabemos quienes son los que llevan todo el verano cantando…, mejor dicho… todo un año del “folclore dialéctico”.

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2 comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: La actitud del PP en la gestión de la crisis económica está siendo “la del perro del hortelano” que como dice el refrán, ni come ni deja comer. Ni aporta soluciones, ni se compromete, ni arrima el hombro, pero tampoco deja qu…..

  2. Realmente la crisis vino en el momento más inoportuno para las políticas sociales. Después de veinticinco años postergando este debate se había iniciado tímidamente la necesidad de contar con sistemas de protección social completos, acordes con un estado que se proclama democrático y social. Las reformas de los estatutos (tan injustamente denostadas) plantearon nuevos derechos sociales que avanzaban en esta senda. El más decidido fue el Estatuto Andaluz al proclamar el derecho a una renta básica para asegurar los ingresos imprescindibles de toda aquella persona que careciera de otras fuentes de subsistencia. Y en estas…llegó la crisis.
    La cobertura social española, tras treinta años de democracia, se encuentra muy por debajo de la europea. Mientras que en la Unión Europea el gasto medio social alcanza el veintisiete por ciento del PIB, en España apenas alcanza el veintiuno por ciento. Los intentos de construir en serio un estado social, por ejemplo, a través de la ley de dependencia, han quedado desdibujados después por el electoralismo más ramplón de los cheques bebé o de la devolución de 400 euros a los contribuyentes, sin límites de renta y sin objetivos de ninguna naturaleza. Mientras que a las nuevas políticas sociales como la ley de dependencia, se les asignó un corto presupuesto de poco más de mil millones de euros, los cheques mencionados, suponen un gasto de ocho mil millones anuales. Un verdadero desatino en términos de política social.
    La realidad, sin embargo, llama a nuestra puerta con esta crisis de una forma más cruda de lo habitual. Un millón seiscientas mil personas se encuentran en la actualidad paradas y sin ningún tipo de ingresos. Ante esto el gobierno ha aprobado un decreto de ayudas absolutamente insuficiente que apenas si va a atender –cuando su aplicación sea completa- a un quince por ciento de las personas que se encuentran en esta desesperada situación. Argumenta, el gobierno, que su disponibilidad presupuestaria es cada día más pequeña y que solo habían previsto cuatrocientos millones para esta medida.
    En cualquier casa, cuando llega una situación de emergencia, se prescinde de lo superfluo para atender lo fundamental. Es, por tanto, el momento de modificar el gasto social y las políticas fiscales. Reconocer que ha sido todo un despropósito, en medio de esta crisis económica, la supresión del impuesto sobre el patrimonio cuya recaudación hubiera bastado para cubrir las ayudas al desempleo sin limitación alguna. Es el momento de suprimir la desgravación de cuatrocientos euros, insignificante para las rentas medias y altas, y de la que están excluidas precisamente las personas con menos ingresos. Es necesario que entre el gobierno central y las autonomías se llegue a un gran acuerdo político para que ni una sola persona en nuestro país, se encuentre en situación de completa desesperación. Y es necesario que paguen más los que más tienen –que además coinciden con los que más han ganado-; que este principio no es una frase obsoleta y desprovista de sentido; no es ni siquiera la bandera de la izquierda política, sino un mandato democrático y constitucional.
    Blog de Concha Caballero (ex-parlamentaria andaluza)

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