Consecuencias negativas de la peatonalización integral de Cruz Conde.

Cuando en los años ochenta se empezó la peatonalización del centro de Córdoba, con proyectos tan emblemáticos como la Avenida del Gran Capitán  o las calles Concepción y Gondomar, hubo significativas voces que clamaron en contra de la eliminación completa del tráfico en  estas vías tan céntricas de la ciudad.

A la vuelta de los años estamos viviendo la misma polémica, pero en sentido contrario. Aquellos que denostaban las peatonalizaciones integrales, ahora las defiende como mana que cae del cielo, en este caso para la calle Cruz Conde.

Ni una cosa, ni la otra.  Las nuevas tendencias del urbanismo a nivel internacional, en relación a los cascos históricos de las grandes ciudades, han dado por finiquitadas aquellas actuaciones que supongan la incompatibilidad total del peatón con el transporte público y de servicios, o con el transporte privado de los residentes en la zona.

La peatonalización integral a ultranza ha conllevado efectos perniciosos como, por ejemplo, el abandono del centro por parte de sus habitantes o una especialización comercial que ha terminado por acabar con la diversidad y riqueza del comercio de barrio, amén de generar importantes conflictos en la movilidad del conjunto de los ciudadanos y las ciudadanas.

La propuesta de los comerciantes para la calle Cruz Conde es un claro ejemplo de los efectos negativos que puede tener una actuación que no contemple la ciudad como un todo. Remitiéndonos exactamente al estudio que han presentado, al impedir que los autobuses de Aucorsa pasen por la mencionada calle conseguimos lo siguiente:

Desaparece la conexión San Pablo, Tendillas, Ronda de los Tejares, Poniente y Ciudad Jardín, que ahora mismo realiza la línea 7 y, en su lugar, se desviaría por Capitulares, Diario Córdoba, Ribera o Sector Sur, Vallellano y Avda. de la Victoria.

O sea, no solo desparecería la conexión antes mencionada, sino que el recorrido desde el centro se incrementaría un mínimo de 1,5 kilómetros, estaríamos como poco 10 minutos más subidos en el autobús y habría un mayor tiempo de espera en las paradas.

¿Pasado o modernidad?

Una respuesta

  1. La peatonalización del casco de Córdoba es un asunto muy, pero que muy complicado. Es precisamente para esto para lo que yo buscaría y pagaría un “koolhaas” del asunto.
    Es muy complicado porque como bien sabemos todos, es el casco histórico más grande de Europa. Y esto amigos, aparte de ser una consigna turística, es una realidad aplastante. Estamos hablando de más de seiscientas calles de las cuales muchas no superan los tres metros de ancho. Vivimos en una trama urbana congelada en el tiempo y que se pensó y diseñó para peatones y bestias de carga. En ella (en toda ella) hemos construido viviendas que tienen garajes y a las que se necesita poder acceder con vehículos. No ya el propio sino otros más indispensables como bomberos, ambulancias, camiones de mudanzas y portes… ya digo, muy complicado.

    Yo creo que ese estudio se debe acometer por técnicos de fuera de la ciudad, encuentro muy peligroso que sea por ejemplo, el gremio de los taxistas el que tenga voz e influencia en esta decisión. Aquí si se empieza a escuchar las opiniones en función de los intereses de los colectivos locales, y se convierte en un tira y afloja no vamos nada más que al caos o la inacción.

    Pienso que la pilona no es la panacea, si bien es necesaria puntualmente. Para mi que el secreto está en cómo ordenes el flujo de tráfico. Mientras haya flujos abiertos que te permitan atravesarlo por la mitad no hay nada que hacer, a eso el parroquiano le llama “atajos” y aquí somos todos muy listos. Yo creo que la solución está en ordenar el tráfico para que puedas llegar (dependiendo de por donde entres) a cualquier punto, pero que nunca puedas atravesarlo, salvo que tengas la llave de alguna pilona.

    Os cuento un ejemplo que he vivido en mi barrio (San Andrés).
    Durante un tiempo estuvo la pilona funcionando y el tráfico se redujo considerablemente. En un momento determinado se cortó el tráfico por obras en Mayor de Santa Marina y se abrió de nuevo la pilona pero con una modificación. Desde San Pablo hasta el Realejo era en dirección Realejo. Allí te encontrabas con los que venían de San Lorenzo, por lo que a partir de ahí la calle era dirección prohibida, por lo que tanto los de un lado como de otro tenían que meterse por Hermanos López Dieguez para salir de nuevo por Isabel Losa. Bien, pues cuando esto estuvo así (sin pilona) el tráfico era casi el mismo que con la pilona, desde luego que era muchísimo menor que cuando podías atajar desde Padres de Gracia hasta San Pablo de un tirón.

    El problema no son los coches residentes, porque además si este fuera, tiene difícil solución. El verdadero problema son los que pudiendo atajan sus trayectos entrando en el laberinto.

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