LA AÑORANZA DEL FRANQUISMO MENOSCABA LA DEMOCRACIA

El pasado sábado participé en el acto que diversos colectivos organizaron ante los Juzgados de Córdoba para mostrar su apoyo y solidaridad con el juez Garzón. Y tengo que decir que nunca he estado tan convencido de asistir a un acto como lo hice a éste.

 Fundamentalmente porque me sirvió para rememorar que mi abuelo, también Manuel Aguilar, fue fusilado por el franquismo. Me sirvió para recordar que dejó viuda y cuatro hijos y que fue enterrado en una fosa común del cementerio de Baena sin que todavía su familia haya podido darle sepultura junto a los suyos…

 Y también me sirvió para manifestarle mi apoyo a ese hombre que ha intentando, no abrir viejas heridas como dicen en el PP sino hacer justicia y que la memoria de esas personas y sus restos no caigan en el olvido.

 Pero claro, la guerra civil es un episodio importante de la historia de nuestro país que al parecer a algunos les escuece, fundamentalmente a la derecha extrema, a esos que se denominan manos limpias y falange, ubicados en el PP, que parecen haberse postulado como herederos ideológicos del fascismo que doblegó la voluntad popular y la democracia durante cuarenta años en España.

 Son esos mismos que pueden permitirse el lujo de aliarse con la cúpula de la iglesia y manifestarse contra el gobierno, los mismos que critican a la policía, a los fiscales y a los jueces cuando son ellos los investigados. Son esos que, cuando otros salen a la calle y se expresan libremente, dicen que se está poniendo en peligro la democracia.

 Son esos mismos cínicos que añoran el franquismo y que por eso hoy día, allá donde gobiernan, mantienen símbolos, denominaciones de plazas y de calles con nombres de fascistas que durante muchos años sometieron por la fuerza al pueblo español.

 Esa añoranza del franquismo, ese fusilamiento permanente del estado de derecho cuestionando a la policía, a los fiscales, a los jueces…, ese si es el comportamiento, señora Cospedal, que menoscaba la convivencia democrática en España.

 Y es que la democracia española y nuestra Constitución han cerrado de tal forma las heridas del pasado que permite la apología del franquismo, pues cualquier nostálgico de los que se encuentran en el PP puede cantar el cara al sol, hacer el saludo fascista, rezar en el valle de los caídos y mantener el nombre de generales golpistas y falangistas en zonas públicas. Situaciones que no ocurren ni en Alemania ni  en Italia, ambas con un pasado similar.

 Por tanto, que no vengan a darnos clases de democracia quienes permanentemente la están cuestionando.

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