Evolución de la esquina suroccidental de la muralla de Córdoba y el alcazar de los Omeyas (alcazar árabe o andalusí)

Epoca romana. 

Bueno, este es el consabido trazado de la esquina suroccidental de la muralla romana después de su ampliación, el cual se mantuvo más o menos igual con visigodos, árabes y cristianos. 

  

Epoca visigoda. 

Se mantendrá el mismo trazado de la muralla, pero con un añadido en la esquina. Según León  Pastor, León Muñoz y Juan F. Murillo Redondo, en excavaciones realizadas en los últimos años en el patio oriental del Alcázar de Córdoba, se han encontrado estructuras de una fortificación visigoda construida en el siglo VI. Su aspecto sería el de un saliente con respecto a la muralla, aunque solo se ha documentado el cierre oriental. Por su posible función defensiva cabría denominarla “Castellum”. 

Por otro lado, en la restauración del Palacio Episcopal que se ha llevado a cabo recientemente, Pedro Marfil ha dado cuenta del hallazgo de una muralla visigoda que debe corresponder al Palacio de Don Rodrigo. Al parecer, el muro árabe fue construido posteriormente forrando por el exterior al visigodo. De momento no se ha publicado cuantos tramos se han encontrado, ni cuál es su situación exacta, pero si siguen el mismo trazado que la muralla árabe su forma será aproximadamente la de la foto, aunque no se donde sé situaría el cierre occidental. 

Epoca emiral. 

De todos es conocido que la muralla norte del alcázar árabe se encuentra en la linde entre el Palacio de Congresos y el Palacio Episcopal. También se sabe que en la fachada de este último edificio, la que da a la Mezquita, se encuentra el muro este del mencionado alcázar. 

En 1922, la Sociedad Cordobesa de Arqueología realizó unas excavaciones en el patio sur del Palacio Episcopal. Allí encontraron unas estructuras, identificadas como una muralla de origen árabe, que algún autor ha relacionado con el muro sur del alcázar emiral. Hace poco, en una intervención realizada en el mismo edificio, Pedro Marfil ha confirmado este hecho, documentando la muralla sur del alcázar árabe del siglo VIII. También ha comprobado que el muro árabe forraba por fuera a al original visigodo.

En consecuencia, el alcázar emiral original se construyó sobre el Palacio de Don Rodrigo cuando Abderraman I se traslado a Córdoba desde la Arruzafa. Según el compilador norteafricano al Maqqari, su perímetro alcanzaba los 1100 codos (unos 570 metros). Esta longitud sería equivalente a la de la línea amarilla de la foto, como bien aprecia Pedro Marfil

Las fuentes históricas nos informan de sucesivas ampliaciones durante el emirato con la construcción de nuevos edificios. Esto supuso que el alcazar superara sus dimensiones originales hasta ocupar el recinto amurallado que delimita la línea roja, según Montejo y Garriguet. También se habla de la posible existencia de una alcazaba, que podría estar situada en la zona del antiguo castellum visigodo. 

Abderraman II mandó construir el “arrecife”, una especie de malecón, sobre el que se situaba un camino, que servía de protección frente a las crecidas del rio. De su situación nos dan cuenta León  Pastor, León Muñoz y Juan F. Murillo Redondo. 

 

Epoca califal. 

Durante el califato, la muralla norte del alcázar sufrió diversas ampliaciones que le dieron un aspecto zigzagueante. Esta circunstancia está documentada gracias a la intervención arqueológica realizada por la Gerencia de Urbanismo y la UCO en el Garaje del Alcázar, y se relaciona con la construcción de los baños. 

 

Epoca almohade. 

En el periodo postcalifal seguiría en uso el alcázar andalusí y lo más significativo fue la ampliación de este recinto realizada por los almohades. 

De este modo, León  Pastor, León Muñoz y Juan F. Murillo Redondo nos dan cuenta de diversos estudios arqueológicos que han datado como almohade la edificación del recinto conocido como Castillo de la Judería y de una muralla que se asienta sobre el arrecife emiral. Los límites precisos de ambas estructuras aun están por fijar. 

Los mismos autores también nos informan de las excavaciones realizadas en el Patio de las Mujeres del Alcazar de Córdoba, donde se han encontrado los muros y otros elementos de un palacio almohade. Su contorno ha podido fijarse por los restos encontrados en otras zonas del alcázar cristiano.

El conjunto de todas estas nuevas construcciones constituiría una extensa alcazaba.

Epoca cristiana. 

Por último, después de la conquista de Córdoba por los cristianos, de todos es conocido que se levantó el recinto amurallado que rodea al actual barrio de San Basilio y que se construyó lo que hoy es el Alcázar de los Reyes Cristianos. 

Este último edificio, en contra de lo que se pensaba hasta ahora, no es de nueva planta, sino que se alzó sobre el antiguo palacio almohade, según León  Pastor, León Muñoz y Juan F. Murillo Redondo. 

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Puente Romano, Córdoba abraza al Guadalquivir.

Las dos Casas del Agua y el Lago subterráneo de las Tendillas

Hace unos meses escribí lo siguiente:

“En los subterráneos de una casa de la calle Juan de Mena se encuentra el pequeño estanque que veis en la foto.

Se ha especulado mucho sobre si el agua proviene del lago subterráneo que dicen hay bajo Las Tendillas o, por el contrario, está relacionada con el venero de Santo Domingo de Silos que nace en la Iglesia del Salvador, que está justo al lado.

Leyendo el libro “Las aguas de Córdoba” de José López Amo (lo escribió en el siglo XIX), encontré lo siguiente:

“Sale del expresado depósito principal (situado en el muro de la Sta. Iglesia Catedral) otro ramo de cañería que va a un arca que está en la Iglesia en la sala llamada de Diezmos, donde se hallan dos calderas, la una, o sea la alta recibe el agua del depósito, y la baja se surte de la procedente de la casa llamada del agua. En esta hay un estanque que era deposito cuando todo el agua venía por atarjea y permanece viniendo un venero que nace en el llano de la Victoria, que en su día no se pudo encañar y a cuyo caudal se le agrega el agua que no puede conducir la cañería, viniendo por la atarjea antigua a la expresada casa del agua y la que sobra cuando abunda va al río. Estas aguas se reúnen en una nueva cañería, desde el egido de la Victoria en el año de 1741.”

O sea que el “pequeño lago” que hay en la Casa del Agua es en realidad un estanque que era en su momento deposito, que se nutre por atarjea (conducción de agua antigua) de las aguas de un venero que procede del llano de la Victoria y que, a su vez, nutre a un deposito en la Catedral.

Esto coincide con lo que en su momento contó un dueño de la casa, que dice que se metieron en el sumidero que hay en el estanque y que salieron a una galería que se dirigía como hacia las Tendillas, cuestión que es coherente con que el agua provenga de la Victoria.”

Sin embargo, hace unos pocos días el bloguero cordobés “Puerta de Osario” (http://puertadeosario.blogspot.com/) nos indicó lo siguiente:

“La Casa del Agua no es ESA Casa del Agua. Se refiere a otra que hubo frente a la Catedral. De “Paseos por Córdoba”: “Entre éstas lo fue el deán don Juan Fernández de Córdoba, tan libertino en su juventud como piadoso después. Este señor […] dedicó una casa de su propiedad, conocida por la del Agua, frente a la Catedral, y estableció la Casa de Expósitos”. Allí llegaba el agua de la Victoria, el agua de la Fábrica de la Catedral. Nada que ver con lo que haya o deje de haber en las Tendillas.”

Así que que mi teoría se viene abajo, y la Casa del Agua de la calle Juan de Mena, que algunos identifican como una supuesta entrada al supuesto Lago de las Tendillas, parece más bien relacionada con el venero de Santo Domingo de Silos que nace justo al lado. O también puede que no…………

Córdoba en fotos.

Puente Romano de Córdoba

Puente Romano de Córdoba

Puerta del Puente. Córdoba.

Puerta del Puente. Córdoba.

Alminar de la Mezquita de Córdoba y cupula de la Catedral.

Vista del Casco Histórico desde el Sector Sur

El Alcázar Califal de Córdoba

Este texto es de 1928. ¿Desde entonces no ha habido nadie a quien se le haya ocurrido ver lo que hay en el subsuelo del Jardín del Campo de los Santos Mártires? Se debería averiguar que restos hay, que importancia tienen y si se pueden poner en valor. Lo mismo habría que hacer en el solar vacío que hay a las espaldas del Palacio Episcopal, pegando al jardín mencionado arriba, en el cual también se descubrieron, en su momento, restos del Alcázar andalusí.

La Casa del Agua o el lago subterraneo de las Tendillas.

En los subterráneos de una casa de la calle Juan de Mena se encuentra el pequeño estanque que veis en la foto.

Se ha especulado mucho sobre si el agua proviene del lago subterráneo que dicen hay bajo Las Tendillas o, por el contrario, está relacionada con el venero de Santo Domingo de Silos que nace en la Iglesia del Salvador, que está justo al lado.

Leyendo el libro “Las aguas de Córdoba” de José López Amo (lo escribió en el siglo XIX), encontre lo siguiente:

“Sale del expresado depósito principal (situado en el muro de la Sta. Iglesia Catedral) otro ramo de cañería que va a un arca que está en la Iglesia en la sala llamada de Diezmos, donde se hallan dos calderas, la una, o sea la alta recibe el agua del depósito, y la baja se surte de la procedente de la casa llamada del agua. En esta hay un estanque que era deposito cuando todo el agua venía por atarjea y permanece viniendo un venero que nace en el llano de la Victoria, que en su día no se pudo encañar y a cuyo caudal se le agrega el agua que no puede conducir la cañería, viniendo por la atarjea antigua a la expresada casa del agua y la que sobra cuando abunda va al río. Estas aguas se reúnen en una nueva cañería, desde el egido de la Victoria en el año de 1741.”

O sea que el “pequeño lago” que hay en la Casa del Agua es en realidad un estanque que era en su momento deposito, que se nutre por atarjea (conducción de agua antigua) de las aguas de un venero que procede del llano de la Victoria y que, a su vez, nutre a un deposito en la Catedral.

Esto coincide con lo que en su momento contó un dueño de la casa, que dice que se metieron en el sumidero que hay en el estanque y que salieron a una galería que se dirigía como hacia las Tendillas, cuestión que es coherente con que el agua provenga de la Victoria.

Las tumbas de los Califas cordobeses.

¿Donde están las tumbas de los emires y los califas que gobernaron nuestra ciudad, y gran parte de España, durante tres siglos?

En aquella época, la tradición era que los cementerios estuviesen extramuros de la ciudades, como también ocurría con los romanos. Solo los califas y los emires tenían el derecho a ser enterrados intramuros de la ciudad, en este caso Córdoba, en concreto en el recinto del Alcázar.

El cementerio de estos gobernantes se encontraba, según era costumbre, en una esquina de un jardín o “rawda” del Alcázar, donde eran enterrados a poca profundidad y sin alardes decorativos (una lapida o poco más). Vamos, que no existían grandes mausoleos o cosas por el estilo.

El Alcázar de los emires y califas cordobeses (Alcazar andalusí) ocupó, en sus orígenes, lo que es hoy en día el Palacio Episcopal y el Museo Diocesano. Posteriormente se realizaron diversas ampliaciones y, en su época de mayor esplendor, llego a ocupar, cuando menos, el siguiente espacio de la ciudad:

En alguna parte de la superficie enmarcada por la línea negra se debe encontrar la rawda o cementerio de los emires y califas cordobeses. Los arqueólogos lo suelen situar en el espacio que hoy ocupan los jardines del Campo de los Santos Mártires o jardines “de las Manos”, pero no hay unanimidad al respecto (Antonio Arjona piensa que está en el solar que ocupaba el Alcazar Viejo de la Judería).

Cuando Córdoba fue conquistada por los “cristianos”, lo que quedaba de los edificios y solares que componían el Alcázar andalusí fueron repartidos entre diversas “instituciones” y “mandamases” de la época. También se construyó, en la esquina suroccidental y a lomos de la muralla, un nuevo recinto que es hoy conocido como “el Alcázar de los Reyes Cristianos, frente al cual se hizo una amplia explanada (actual jardín del Campo de los Santos Mártires).

La reurbanización de la zona, los derribos y la construcción de nuevos edificios terminaron por acabar, poco a poco, con el Alcazar andalusí. No es mucho lo que se conserva hoy de él. Se puedan ver parte de las murallas en la fachada del Palacio Episcopal y en el Palacio de Congresos, algunos restos excavados en los solares que hay al lado de la Biblioteca Provincial y los baños califales en el jardín “de las Manos”.

Los estudios arqueológicos que se han hecho sobre el Alcázar andalusí son escasos, y menos aun son los intentos por localizar la rawda. Quizá ya ni exista, por haber sido arrasada en épocas pretéritas.

De todas formas, a mi me llama la atención el desinterés que existe por desentrañar los misterios de un recinto monumental que fue tan importante en su época.