HAY “RASCONAZOS” QUE DEJAN HUELLA.

Lo de hoy ha sido un “rasconazo” cuya huella no va a desaparecer ni con aloe vera.

Es evidente que cuando alguien es acogido por una familia en su casa, de la cual se están obteniendo ciertos beneficios, algún respeto se debe tener por ellos, y si algo no te gusta, al menos hay que tener la decencia de decírselo a la cara y no ir contándolo por la calle.

Arremeter contra todos los que te acogen, contra aquellos que te abren las puertas y que confían en tí y hacerlo desde la deslealtad de una conversación privada en una red social, en la que se puede colar quien quiera, es un acto de cierta mezquindad. Por que si uno cree que las cosas no se hacen bien, por lo menos intenta cambiarlas en los foros adecuados para ello, pero si por el contrario no se siente agusto donde está, pues no hay nada más que irse, nadie te obliga a quedarte.

 No hay nada más que abandonar todos los beneficios que te aporta la casa y la familia, salir corriendo y todos tan contentos. Es más no sería decente ni estar con quienes no te gustan, si así lo manifiestas, ni beneficiarte de lo que ellos te aportan.

No es honesto ni honrado permanecer en un sitio al que no se le tiene ni el más mínimo respeto. ¿Con qué cara te pueden mirar todos aquellos a los que estás poniendo como un trapo? Por lo tanto lo sensato es irse, si se tiene la valentía suficiente para hacerlo, o esperar a que te echen. .

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Migas de porco a la Alentejana (migas de cerdo a la Alentejana).

Ingredientes:

1/2 kilo de carne de cerdo en dados, una cabeza de ajo pequeña, 250cc de aceite de oliva, un vaso pequeño de vinagre, comino, orégano, pimienta negra, pimentón, una hoja de laurel, sal, un vasito de vino tinto, un pan del día anterior, un vaso de agua.

Preparación:

Empezamos haciendo un adobo con los ajos machacados en un puñadito de sal gorda de mar. Se añaden los cominos, el orégano y el pimentón y se mezclan con el mazo del mortero. Se añaden el aceite, el vinagre y se deja la carne macerar en el embarrado durante la noche. Añade una hoja de laurel.

Para preparar la carne, fríe el propio adobo a fuego vivo hasta que la carne esté bien doradita. Mientras se hace el “porco”, pon el pan en el mortero y añade un poquito de agua para que se ablande. Machaca hasta obtener una masa compacta. Si quieres, puedes dar un poquito de sabor con un chorrito de vino tinto o fino de Jerez (resultado espectacular).

Saca la carne de la sartén  y añade el pan. Remueve bien para que la miga se empape bien con el adobo. Para servir, pon las migas como guarnición a los taquitos de cerdo.

Resultado: de muerte…..cortesía de Rocío de Lisboa.

Bacalao a brás (Bacalhau á Brás o Bacalhau Dourado)

HISTORIA DEL BACALAO

Se dice que sus inicios se remontan al 1500, al ser descubierto por el portugués Gaspar de Corte Real. De todos modos, hubo que esperar algo más, hasta entrado el siglo XVII, cuando los vascos lo popularizaron en su región y, a continuación, se extendió por todo el país. El hallazgo fue resultado de los viajes que los vascos realizaban a Terranova para perseguir ballenas. De vuelta, traían consigo un botín excepcional, las piezas de bacalao, abiertas y secadas al aire frío del Norte. Los portugueses fueron los pioneros en la forma definitiva de conservar este pescado. Portugal tiene las condiciones idóneas para secar al sol el bacalao, además de buenas salinas.

El bacalao robó plano a los salazones debido a su facilidad de transporte y conservación y también a los secados. Así es como se introdujo en las cocinas españolas, desbancando incluso a otros productos de larga tradición y firmemente asentados en el recetario español. Por otra parte, su protagonismo inicial vino dado por la falta de refrigeración, convirtiéndose en “la carne” del momento. Además, una vez desalado, conservaba todas sus propiedades y aceptaba toda suerte de preparaciones.

El bacalao se relaciona con el periodo de Cuaresma, debido a la tradición religiosa del ayuno y la abstinencia, del mismo modo que el cordero queda institucionalizado el lunes de Resurrección. A partir del siglo XVIII, cuando se suavizaron los días de abstinencia, el consumo de pescado comenzó a disminuir. La abstinencia contribuyó mucho a que se popularizara también el consumo de bacalao salado y seco ya que, sin facilidades de refrigeración, era difícil obtener el pescado fresco en todas partes.

Hoy día, en Hispanoamérica y España continúa la costumbre, si bien sólo son días penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma, con prohibición de comer carne y días de ayuno y abstinencia el miércoles de ceniza y el viernes santo.

Bacalao a brás (Bacalhau á Brás o Bacalhau Dourado).

Tiempo de preparación: 25 min.
Tiempo de cocción: 45min.

Ingredientes para 4 personas:

750 gr de bacalao desmigado salado, 750 gr de patatas en palitos finos (pueden ser compradas ya pre-fritas), 3 dl de aceite de oliva aprox., 2 dientes de ajo, 8 huevos, 1 cebolla grande, perejil picado, olivas negras, sal y pimienta.

Modo de preparación:

El bacalao debe ser desmigado y remojado en agua fría al menos 12 horas antes de la cocción. Habrá que cambiar dos o tres veces el agua para que el bacalao libere gran parte de la sal.

Freír las patatas en palitos en aceite abundante hasta que estas queden doradas.

Calentar el aceite de oliva  en una olla grande y juntar  los ajos cortados en pedazos. Dejar sofreír hasta que se queden  dorados y luego retirarlos con un tenedor. Introducir inmediatamente la cebolla picada, dejar dorar y añadir el bacalao desmigado después de haberlo secado con una toalla. Dejar freír algunos minutos y añadir las patatas cuidando de no dejarles ganar más color.

Condimentar con sal y pimienta a gusto y antes de apagar el fuego añadir los huevos batidos revolviéndolos con cuidado hasta que estén ligadas totalmente las patatas con el bacalao.

Servir polvoreado con perejil picado y olivas negras.

Cortesía de Rocio de Lisboa.