Córdoba en fotos.

Puente Romano de Córdoba

Puente Romano de Córdoba

Puerta del Puente. Córdoba.

Puerta del Puente. Córdoba.

Alminar de la Mezquita de Córdoba y cupula de la Catedral.

Vista del Casco Histórico desde el Sector Sur

Bacalao a brás (Bacalhau á Brás o Bacalhau Dourado)

HISTORIA DEL BACALAO

Se dice que sus inicios se remontan al 1500, al ser descubierto por el portugués Gaspar de Corte Real. De todos modos, hubo que esperar algo más, hasta entrado el siglo XVII, cuando los vascos lo popularizaron en su región y, a continuación, se extendió por todo el país. El hallazgo fue resultado de los viajes que los vascos realizaban a Terranova para perseguir ballenas. De vuelta, traían consigo un botín excepcional, las piezas de bacalao, abiertas y secadas al aire frío del Norte. Los portugueses fueron los pioneros en la forma definitiva de conservar este pescado. Portugal tiene las condiciones idóneas para secar al sol el bacalao, además de buenas salinas.

El bacalao robó plano a los salazones debido a su facilidad de transporte y conservación y también a los secados. Así es como se introdujo en las cocinas españolas, desbancando incluso a otros productos de larga tradición y firmemente asentados en el recetario español. Por otra parte, su protagonismo inicial vino dado por la falta de refrigeración, convirtiéndose en “la carne” del momento. Además, una vez desalado, conservaba todas sus propiedades y aceptaba toda suerte de preparaciones.

El bacalao se relaciona con el periodo de Cuaresma, debido a la tradición religiosa del ayuno y la abstinencia, del mismo modo que el cordero queda institucionalizado el lunes de Resurrección. A partir del siglo XVIII, cuando se suavizaron los días de abstinencia, el consumo de pescado comenzó a disminuir. La abstinencia contribuyó mucho a que se popularizara también el consumo de bacalao salado y seco ya que, sin facilidades de refrigeración, era difícil obtener el pescado fresco en todas partes.

Hoy día, en Hispanoamérica y España continúa la costumbre, si bien sólo son días penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma, con prohibición de comer carne y días de ayuno y abstinencia el miércoles de ceniza y el viernes santo.

Bacalao a brás (Bacalhau á Brás o Bacalhau Dourado).

Tiempo de preparación: 25 min.
Tiempo de cocción: 45min.

Ingredientes para 4 personas:

750 gr de bacalao desmigado salado, 750 gr de patatas en palitos finos (pueden ser compradas ya pre-fritas), 3 dl de aceite de oliva aprox., 2 dientes de ajo, 8 huevos, 1 cebolla grande, perejil picado, olivas negras, sal y pimienta.

Modo de preparación:

El bacalao debe ser desmigado y remojado en agua fría al menos 12 horas antes de la cocción. Habrá que cambiar dos o tres veces el agua para que el bacalao libere gran parte de la sal.

Freír las patatas en palitos en aceite abundante hasta que estas queden doradas.

Calentar el aceite de oliva  en una olla grande y juntar  los ajos cortados en pedazos. Dejar sofreír hasta que se queden  dorados y luego retirarlos con un tenedor. Introducir inmediatamente la cebolla picada, dejar dorar y añadir el bacalao desmigado después de haberlo secado con una toalla. Dejar freír algunos minutos y añadir las patatas cuidando de no dejarles ganar más color.

Condimentar con sal y pimienta a gusto y antes de apagar el fuego añadir los huevos batidos revolviéndolos con cuidado hasta que estén ligadas totalmente las patatas con el bacalao.

Servir polvoreado con perejil picado y olivas negras.

Cortesía de Rocio de Lisboa.

El Alcázar Califal de Córdoba

Este texto es de 1928. ¿Desde entonces no ha habido nadie a quien se le haya ocurrido ver lo que hay en el subsuelo del Jardín del Campo de los Santos Mártires? Se debería averiguar que restos hay, que importancia tienen y si se pueden poner en valor. Lo mismo habría que hacer en el solar vacío que hay a las espaldas del Palacio Episcopal, pegando al jardín mencionado arriba, en el cual también se descubrieron, en su momento, restos del Alcázar andalusí.

La Casa del Agua o el lago subterraneo de las Tendillas.

En los subterráneos de una casa de la calle Juan de Mena se encuentra el pequeño estanque que veis en la foto.

Se ha especulado mucho sobre si el agua proviene del lago subterráneo que dicen hay bajo Las Tendillas o, por el contrario, está relacionada con el venero de Santo Domingo de Silos que nace en la Iglesia del Salvador, que está justo al lado.

Leyendo el libro “Las aguas de Córdoba” de José López Amo (lo escribió en el siglo XIX), encontre lo siguiente:

“Sale del expresado depósito principal (situado en el muro de la Sta. Iglesia Catedral) otro ramo de cañería que va a un arca que está en la Iglesia en la sala llamada de Diezmos, donde se hallan dos calderas, la una, o sea la alta recibe el agua del depósito, y la baja se surte de la procedente de la casa llamada del agua. En esta hay un estanque que era deposito cuando todo el agua venía por atarjea y permanece viniendo un venero que nace en el llano de la Victoria, que en su día no se pudo encañar y a cuyo caudal se le agrega el agua que no puede conducir la cañería, viniendo por la atarjea antigua a la expresada casa del agua y la que sobra cuando abunda va al río. Estas aguas se reúnen en una nueva cañería, desde el egido de la Victoria en el año de 1741.”

O sea que el “pequeño lago” que hay en la Casa del Agua es en realidad un estanque que era en su momento deposito, que se nutre por atarjea (conducción de agua antigua) de las aguas de un venero que procede del llano de la Victoria y que, a su vez, nutre a un deposito en la Catedral.

Esto coincide con lo que en su momento contó un dueño de la casa, que dice que se metieron en el sumidero que hay en el estanque y que salieron a una galería que se dirigía como hacia las Tendillas, cuestión que es coherente con que el agua provenga de la Victoria.

Las tumbas de los Califas cordobeses.

¿Donde están las tumbas de los emires y los califas que gobernaron nuestra ciudad, y gran parte de España, durante tres siglos?

En aquella época, la tradición era que los cementerios estuviesen extramuros de la ciudades, como también ocurría con los romanos. Solo los califas y los emires tenían el derecho a ser enterrados intramuros de la ciudad, en este caso Córdoba, en concreto en el recinto del Alcázar.

El cementerio de estos gobernantes se encontraba, según era costumbre, en una esquina de un jardín o “rawda” del Alcázar, donde eran enterrados a poca profundidad y sin alardes decorativos (una lapida o poco más). Vamos, que no existían grandes mausoleos o cosas por el estilo.

El Alcázar de los emires y califas cordobeses (Alcazar andalusí) ocupó, en sus orígenes, lo que es hoy en día el Palacio Episcopal y el Museo Diocesano. Posteriormente se realizaron diversas ampliaciones y, en su época de mayor esplendor, llego a ocupar, cuando menos, el siguiente espacio de la ciudad:

En alguna parte de la superficie enmarcada por la línea negra se debe encontrar la rawda o cementerio de los emires y califas cordobeses. Los arqueólogos lo suelen situar en el espacio que hoy ocupan los jardines del Campo de los Santos Mártires o jardines “de las Manos”, pero no hay unanimidad al respecto (Antonio Arjona piensa que está en el solar que ocupaba el Alcazar Viejo de la Judería).

Cuando Córdoba fue conquistada por los “cristianos”, lo que quedaba de los edificios y solares que componían el Alcázar andalusí fueron repartidos entre diversas “instituciones” y “mandamases” de la época. También se construyó, en la esquina suroccidental y a lomos de la muralla, un nuevo recinto que es hoy conocido como “el Alcázar de los Reyes Cristianos, frente al cual se hizo una amplia explanada (actual jardín del Campo de los Santos Mártires).

La reurbanización de la zona, los derribos y la construcción de nuevos edificios terminaron por acabar, poco a poco, con el Alcazar andalusí. No es mucho lo que se conserva hoy de él. Se puedan ver parte de las murallas en la fachada del Palacio Episcopal y en el Palacio de Congresos, algunos restos excavados en los solares que hay al lado de la Biblioteca Provincial y los baños califales en el jardín “de las Manos”.

Los estudios arqueológicos que se han hecho sobre el Alcázar andalusí son escasos, y menos aun son los intentos por localizar la rawda. Quizá ya ni exista, por haber sido arrasada en épocas pretéritas.

De todas formas, a mi me llama la atención el desinterés que existe por desentrañar los misterios de un recinto monumental que fue tan importante en su época.